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Creencias

En el Druidismo no existen dogmas, ni existe una escritura sagrada y revelada. Si bien algunas organizaciones y órdenes tienen un sistema jerárquico, la mayoría no, y si lo usan es por motivos puramente administrativos, no existen sumos sacerdotes o sacerdotisas, ni un líder carismático que conduzca el camino que el Druidismo debe llevar. El Druidismo trata de alejarse de estos sistemas que solo alimentan el ego de las personas y que sirven como formas de control.

Es importante señalar que los Druidas no eran, ni son Sacerdotes o Sacerdotisas en el concepto que tenemos ahora, si bien eran los encargados de discutir, y llevar lo que se puede llamar la teología celta, no eran los celadores únicos de la espiritualidad y acercamiento a la religión.  Esto puede verse en diferentes triadas celtas que han llegado hasta nosotros como la siguiente:

Tres cosas que no dan ganancia alguna al mundo en lo que hacen, no importando su fama por sabiduría arte o piedad: Un codicioso avaro, un poeta arrogante y un sacerdote establecido.

La tradición Druídica moderna expone que cada individuo puede por si mismo ser el vínculo entre las deidades y la persona, sin necesidad de un mediador, si bien algunos rituales son conducidos, cuando se hacen en comunidad, por las personas con más experiencia, no es una condición, no es necesario que exista un sacerdote o sacerdotisa altamente calificado como único representante.  Cada individuo es el vínculo entre él, la comunidad, la naturaleza y los espíritus del Universo.

El druidismo es también visto como un camino filosófico por muchos, por lo que es posible combinarlo con otras religiones.

No existe un credo infalible que todos los Druidas están obligados a seguir, sin embargo si se pueden encontrar una serie de creencias que la mayoría de los Druidas comparten,
Algunos viéndolo como una religión en si misma, otros solo como un camino filosófico y una forma de vida; que cito a continuación:

Teología

Existe una gran variedad de creencias teológicas en los Druidas, como los Druidas de antaño, la tradición Druídica trata de reflexionar sobre los misterios del universo, los Druidas son teólogos en si mismos, y cada individuo llega a una conclusión particular y singular; algunos se decantan por el animismo, otros por el panteísmo, el politeísmo, el monoteísmo o el duoteísimo. 

Sin embargo, la tradición Druídica con base en el paganismo Celta es básicamente politeísta.  En lo que se llama “Hard Politeism” o politeísmo duro.

Bajo esta concepción, el Druida cree en la existencia de muchos dioses, individuales y únicos, cada uno con características, personalidades y habilidades especiales, que si bien pueden ser compartidas por otros, no forman en si mismos, una conjunción, no es una religión dualista en la que “Todos los dioses son un solo Dios y todas las diosas una sola Diosa”. Como es expuesto por ejemplo por  Dion Fortune, en su libro “The Sea Prietess” la Sacerdotisa del Mar, esta escritora de paganismo y ocultismo, puso por escrito lo que poco a poco fue desarrollándose a lo largo de siglos de monoteísmo e influencia cristiana. Tenemos registros de que varios filósofos Romanos comenzaron a coquetear con la idea monoteísta alrededor del siglo I, D.C., con autores como Séneca o la famosa novela “El burro dorado” de Apuleius; idea que el Cristianismo retomó con gusto para dar más validez a su forma monoteísta de religión.   En el artículo “El Politeísmo” hago un comentario más detallado sobre el tema.
 
Si bien la mayoría de los Druidas reconocen la posibilidad de una única fuerza creadora, muchas veces llamada el No Creado, el Único o el Espíritu Universal, la mayoría tienden a ver a esta fuerza creadora como algo inalcanzable e inteligible para la mente humana, y no suelen dirigirse a él dentro de su círculo de deidades.

Otros sin embargo, reconocen a esta fuerza creadora como una entidad con la que podemos relacionarnos y muestran reverencias a esta entidad en los rituales y plegarias.

Cabe señalar que el Druidismo, cuando admite la posibilidad de esta única fuerza creadora, no le aplica atributos de género, no se refiere a esta entidad como nuestro Padre, como lo hace el cristianismo, ni como nuestra Madre, como lo hacen algunos círculos wiccanos, sino aplica un genero neutro, por considerar que este espíritu va más allá de los atributos terrenales.

Una de las características principales de la tradición Druídica es la relación íntima que existe entre el practicante y sus deidades o los espíritus con los que trabaja. No son seres abstractos y arquetipos, son seres reales con los que se identifica, con los que platica y trabaja, a los que muestra reverencia.

Este acercamiento a la deidad (o deidades) puede hacerse de tres formas.

  • Primero con una orientación en tercera persona, es decir hablar acerca de la deidad; esto puede ser leyendo acerca de, aprendiendo acerca de, a través de los mitos y tradiciones y otras fuentes de conocimiento o simplemente hablando de el principio, representación o cualidades la divinidad.  En este sentido la divinidad es un objeto de discusión más que un sujeto.
  • Segundo, una orientación en segunda persona; esto es hablar con la Deidad, esto puede ser a través de plegarias y oraciones, creando un altar, haciendo ofrendas o incluso un diálogo; esta relación es una relación más a nivel personal.
  • Tercero, una orientación en primera persona, esto es haciéndose uno con la Deidad; esto puede hacerse a través de rituales de posesión o adivinación, donde el Druida se convierte en un Shamán, un vehículo para dejar que las Deidad se manifieste a través de él. Al dejar entrar a la deidad en tu ser mismo, puedes experimentarla y sentir su presencia en primer plano.  Esta orientación es la más difícil de alcanzar , pues implica un grado de sacrificio, pero también es la que permite un grado de relación profunda y personal entre el individuo y la divinidad.

 

No existe registro de un mito de la creación dentro de la cultura celta, como en otras culturas paganas precristianas o las religiones monoteístas reveladas. Por lo que esto también entra dentro de la interpretación particular de cada Druida.

Otra característica importante dentro de la teología Druídica es la concepción de que cada ser del universo tiene un alma o espíritu y que no existen grados de perfección en la creación, no pone al hombre como la cima de la creación o como una entidad superior a otros.   La relación del hombre con la naturaleza es como parte de esa gran red que es el universo, no la controla, no fue puesta a su cuidado, el hombre es parte de la naturaleza, no su regente.  Por tanto el Druida venera la naturaleza, la ve como algo divino y sagrado, cada parte de la creación posee este atributo. 

El Druida es conciente de la gran red de la vida, de la interconexión de cada parte, de la importancia y responsabilidad en sus actos pues sabe que afectarán a esa red irremediablemente.

 

El otro mundo

Si bien el Druida ama la naturaleza y trabaja por restablecer el balance en este mundo, es conciente de que existen otras realidades y que el mundo físico en el que nos desarrollamos normalmente no es el único.

La tradición Druídica suele referirse a estas otras realidades como El Otro Mundo, una realidad o serie de realidades que existen más allá de nuestros sentidos físicos, pero que sin embargo, es real.

Las leyendas celtas se refieren a este otro mundo con varios nombres, como Tir na nÓg, o el país de la eterna juventud, Avalon o el país de las manzanas (y por tanto del conocimiento) etc. el nombre varía dependiendo de la localidad y el idioma celta.

Este otro mundo es visto como el lugar a donde nuestro espíritu va después de morir. La mayoría de los Druidas creen en la reencarnación, puesto que hay evidencia en los textos antiguos de que esta era una creencia de los antiguos celtas, que creían en una forma de reencarnación o trasmigración de las almas.

 Sin embargo, no hay evidencia de que esta creencia involucrara la idea de un Nirvana o un objetivo final en el cual se dejara de reencarnar, como pasa en religiones como la Hindú y la Budista.  El objetivo de reencarnar era obtener conocimiento, creatividad y amor, pero no existía el concepto de premio/castigo que tienen estas religiones (o las monoteístas) donde la reencarnación estuviera acompañada de un karma como castigo a los errores de la vida anterior o se buscara la iluminación final que nos librara de ese eterno retorno.  No, el ciclo de la vida era algo infinito, y parte de la naturaleza,  así como lo son los otros ciclos que podemos experimentar en la naturaleza, como las estaciones, o el día y la noche.

El registro más importante en este sentido es el de Philostratus de Tyana, en el que escribe que los celtas no tenían miedo a la muerte pues pensaban que al morir en este mundo, renacerían en el otro. Por esta razón los funerales se enfocaban en la idea de que el alma estaba experimentando un nuevo nacimiento.  La creencia era tan fuerte, que hay registros de que algunas deudas materiales contraídas en esta vida podrían pagarse en la próxima.

Es también parte de estas otras realidades el reino de los Áes Sídhe (pronunciado Os Shi) también conocido en idioma inglés como Fairy Folk, y donde la mejor traducción a nuestro idioma sería Hadas, si bien es importante recalcar que no estamos hablando de la concepción victoriana de la Hadas, esos seres diminutos con alas de mariposa.

Los Áes Sídhe, son seres semidivinos que viven entre este y el otro mundo, con conexiones importantes con la naturaleza y las deidades, la mayoría de los relatos los representan como gente no muy alta, pero de aspecto y altura humana, de tez blanca, ojos claros y pelo muy negro.  Algunos dioses y diosas tenían ascendientes Áes Sídhe, o algunos eran Áes Sídhe.  Incluso existe la creencia que los Túatha dé Danann, lo dioses irlandeses, se convirtieron en este tipo de seres después de ser derrotados por los Milesianos (los Celtas) durante la invasión del hombre a Irlanda.

Otros habitantes del otro mundo son los espíritus de nuestros ancestros y del lugar, espíritus que nos guían y a los que debemos reverencia y honor, que son parte importante en el entendimiento y conexión con la tierra y nuestro pasado.

La relación del Druida actual con el otro mundo no se limita a ser el lugar donde nuestras almas se irán a descansar una vez que muramos, no, es un lugar al que podemos acceder también mientras vivamos, a través de sueños, meditaciones, hipnosis o trances shamánicos.  El objetivo de acceder a estas otras realidades es para adquirir conocimiento, conocimiento del universo, pero sobre todo conocimiento de nosotros mismos.

Otro nombre que se le da al Otro Mundo es, la tierra de la Verdad, donde podemos enfrentar nuestros miedos, donde podemos ver nuestros verdaderos sentimientos, donde podemos buscar las respuestas a nuestras preguntas más profundas.

 

La magia

La tradición Druídica es una tradición enraizada en la magia, sin embargo no se habla de la magia en el sentido en que entendemos este concepto en la actualidad, no es una forma al estilo “Harry Potter” o algo supernatural que viola las reglas del universo.

En realidad la magia trabaja con las reglas del universo, y es una forma de entenderlo.

Graeme K. Talboys hace la siguiente definición de la magia desde el punto de vista de la Tradición Druídica:

La magia es el estudio del mundo de forma que lo que nos es desconocido pueda ser entendido. Algunos podrían argumentar que esto es ciencia. La Ciencia, sin embargo, se enfoca solamente al mundo material, con las relaciones entro los objetos físicos y las fuerzas que los influencian. Pero hay mucho más en este mundo que eso y es a través de este acercamiento que el mundo puede ser completamente comprendido.

Para la tradición Celta la magia no es algo oculto, algo que sólo los iniciados pueden acceder, la magia permea cada parte de la vida del individuo, cada acto está constantemente impregnado por ese espíritu.

Para el Celta no existía diferencia entre lo sagrado y mágico y lo mundano, pues todo era lo mismo, todo estaba interconectado.  Por ejemplo un herrero, al crear una espada, estaba haciendo magia, pues estaba transformando las fuerzas del universo con sus habilidades, no era necesaria una ceremonia especial para cada espada, si bien alguna espada en especial que requiriera de atributos especiales podía ser creada bajo un ritual específico, sino que la magia de trabajar el metal, de lo que ahora llamaríamos técnicas mundanas, estaba impregnada con ese espíritu. Cada persona en la sociedad tenía la habilidad y la responsabilidad de mediar entre las deidades, las fuerzas del universo y ella misma. Pues como se dijo anteriormente, no existía un sacerdocio establecido como una clase o sector social.

Dentro de esta magia, estaba también el arte de la adivinación, pero este arte no era un arte pasivo, como lo puede ser hoy en día para muchos. El druida no se sienta a que le lean el futuro, esperando a conocer los designios del destino.

El conocer el futuro es un acto activo, nunca pasivo, pues involucraba la responsabilidad de escoger un camino y de modificar su destino.  No existe el concepto del destino fijo e inmutable, existen muchos futuros, así como muchos pasados, y el presente en el que vivimos es donde todos estos se encuentran.  La lección a aprender por medio de la adivinación y la visión del pasado o el futuro es una guía a nuestras acciones presentes.

El futuro no es nunca una conclusión fija, pues eso eliminaría el libre albedrío y la responsabilidad de nuestros actos. Y las deidades celtas, toman el honor y la responsabilidad como algo serio, por lo que ser un ente pasivo que solo espera que le digan que hacer, es un insulto a estas entidades. El futuro es, de hecho, visto como algo siempre cambiante, que está enraizado en el pasado y moldeado en el presente.

 

Cosmología y la relación con el Universo

La cosmología celta es una cosmología no dualista. Los Celtas veían todo en triadas: Mar, Cielo y Tierra; masculino, femenino y neutro; fuego, agua y tierra. Esta forma de pensar trinitaria influenciaba todos los aspectos de la forma en como el universo era visto. Cada Reino, o aspecto, era visto como un Caldero que era soportado por tres piernas. Cara pierna, a su vez, se convertía en su propio caldero que era soportado por otras tres piernas.  La forma en como este sistema funcionaba se pude ver en el siguiente ejemplo:  El Caldero llamado Universo está soportado por las tres piernas del mar, cielo y tierra. El Caldero llamado Mar, está soportado por las tres piernas del agua, luna y espíritu.  El Caldero llamado Espíritu, está soportado por tres piernas llamadas, intención, plenitud y emoción. Trabajando a través de este pensamiento trinitario, en vez de pares o cuádruples, podemos acercarnos a la perspectiva Celta de los patrones del universo.

Nuestra sociedad está muy acostumbrada a pensar en términos dualistas, donde estos conceptos permean en nuestra forma de ver el universo e interactuar con él.  Sin embargo para seguir el camino Druídico hay que eliminar estos conceptos de nuestra mente.

Para los celtas, los número pares son números imperfectos, desbalanceados. Por tanto, se aleja de la tradición judeo-cristiana de que el Bien y el Mal son las fuerzas que luchan ene. Mundo y en el Universo por salir triunfantes, o el concepto de Cielo e Infierno.  También se aleja de las filosofías orientales que ven el balance en esa lucha, en lo que las filosofías orientales han llamado el Ying y el Yang.

La base de la cosmología celta es el número tres

La cosmología celta no trabaja con los cuatro elementos griegos, a diferencia de otras tradiciones paganas, en su lugar,  trabaja con los tres reinos en los que todo está inscrito.

Los tres reinos son la Tierra, el Cielo y el Mar.  (Talam, Nem, Muir) que simbolizan también los tres reinos de nuestros ser, Cuerpo, Mente y Espíritu.  Sobre este tema en particular he preparado el siguiente artículo que habla sobre el concepto de los tres reinos y su diferencia con la concepción Greco-Romana:

Los tres reinos vs los cuatro elementos.

Referencias a los tres reinos y la concepción trinitaria del universo se pueden encontrar en la mayoría de los textos, sagas y poemas celtas.

Como puede ser este poema que habla de nueve conceptos ligados a los tres hijos de la Diosa Danna.

 

Soy el hijo de la poesía,

Poesía, hija de la reflexión

Reflexión, hija de la meditación

Meditación, hija de la tradición

Tradición hija de la investigación

Investigación hija del gran conocimiento

Gran conocimiento hijo de la comprensión

Comprensión hija de la sabiduría

Sabiduría hija de los tres hijos de Danna

El conocimiento se encontraba en el lugar donde crecían tres veces tres avellanos, de los que el salmón del conocimiento se alimentaba, trayendo la sabiduría a la humanidad.

And in the sacred well grows three times three hazels, from which the salmon of knowledge will feed, and bring us the wisdom to all mankind.

La tradición Druídica hace uso de las triadas, que eran máximas del pueblo celta para enunciar su ética, cosmovisión y sabiduría.  Estas frases contienen siempre tres elementos, los primeros dos, en su mayoría, al conjuntarse dan como resultado un tercero. Para los Celtas un par era nada sino tenía un tercer elemento.

Esto es más fácil de comprender si pensamos en términos de dialéctica, donde de una tesis y una antítesis se forma una síntesis.

Hay literalmente cientos de triadas, para cada aspecto de la vida, aquí comparto algunas:

  • Tres atributos de aquellos que buscan el consejo de los antiguos espíritus: Iluminación, sabiduría y claridad.
  • Tres seguidores de la sabiduría: Imaginación, propósito y esfuerzo.
  • Tres cosas que nunca se acabarán: el florecimiento de la caridad, el alma y el amor perfecto.
  • Tres cosas de las que todos somos capaces y sin las que nada puede ser: fuerza del cuerpo, sabiduría como fortaleza de la mente y amor a la sabiduría intuitiva.

Esta forma de pensar puede incluso ayudarnos en nuestra búsqueda, aquí comparto una triada de mi autoría, con la inspiración de la tradición Druídica:

Tres regalos del Supremo a cada uno: amor en sus corazones, conocimiento en sus mentes y verdad en sus palabras.

Las referencias al mundo y cosmovisión trinitario celta son extensas, lo podemos encontrar en textos, poemas, canciones, arte, etc.

Una de las formas más representativas en el arte celta son las Triquetras y los Triskeles, representaciones artísticas de los tres reinos, de la armonía entre los tres estados del ser, así como del ciclo de la vida, del nacimiento, muerte y renacimiento.

La triquetra o nudo eterno, se ha descrito como sigue:

La imaginación es la llave de la sabiduría, la sabiduría el mapa hacia el camino del espíritu, el espíritu se revela a si mismo a través de la imaginación; eso es el nudo eterno.

Toda esta cosmología y teología sería inocuas si no se ponen en práctica, el Druida es un filósofo, pero nunca debe quedarse en el plano de las ideas, la finalidad última de la tradición Druídica es el servicio, el servicio a nuestra comunidad, y al final el servicio al mundo.

La verdadera prueba de la espiritualidad se da cuando la usamos par vivir nuestras vidas y nuestra relación con el universo, cuando es capaz de darnos la inspiración, consuelo y coraje para vivir, y ser factores de cambio.

Como un camino que ve en todo la naturaleza algo sagrado, el Druida muestra amor por todo lo que vive y a través de eso amor a el universo y su creador. El Druida no solo muestra reverencia por la naturaleza y todo lo vivo, sino es un factor de balance, de cambio y saneamiento.

Ve la naturaleza de nuestros cuerpos como algo sagrado, el saneamiento de nuestro propio cuerpo, el acercamiento a la sexualidad como algo sagrado y natural. Sin embargo no debe verse el respeto a lo sagrado como un acto piadoso y de temor. La verdadera reverencia es saber y ser concientes de la fuerza que nuestro cuerpo y nuestros sentidos tienen, nuestro flujo vital es fuerte y sensual, así como dulce y amble.

Esta actitud de reverencia se extiende en todos los aspectos, no solo hacia nuestros cuerpos, sino hacia todas las criaturas y la naturaleza en si.

El Druida es un celador de la paz, busca la paz y el balance en su interior y su exterior; así como ha sido narrado por los escritores clásicos donde los Druidas eran los intermediarios en los conflictos públicos y privados, y eran los únicos exentos de entrar en las guerras, así el Druida de la actualidad tiene la obligación de ser un portador del balance y la paz, para si mismo y para todo lo que lo rodea.

Es también conciente de la conexión de todos los seres, haciendo a un lado la idea de individualismo, egoísmo y alienación; es responsable de sus actos pues sabe que tendrán efectos en todo el flujo del universo, por lo que es su objetivo llevar el amor y la paz, de transmitirlos a todo lo que lo rodea, de modo que al final él, su sociedad y las futuras generaciones puedan cosechar esos frutos.

 

 

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